19 de Octubre de 2018

Este lunes se celebra el Día Internacional de la Tartamudez, un trastorno de la comunicación que puede mejorar con tratamiento logopédico

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La Logopedia es una de las profesiones sanitarias que ayuda a las personas con tartamudez a mejorar su dificultad al comunicarse 

 

Este lunes se celebra el Día Internacional de la Tartamudez, un trastorno de la comunicación que puede mejorar con tratamiento logopédico  

-    Los expertos recomiendan llevar al niño a un logopeda especializado en tartamudez al primer signo de disfluencias para una detección temprana de la dificultad

- Insisten en que la persona que sufre de tartamudez no necesita que terminemos sus frases, sino tiempo para expresar lo que quieren decir  

Málaga, 19 de octubre de 2018.-  La tartamudez es un trastorno de la comunicación que afecta al 2% de los adultos y al 5% de los niños y es más numerosa en hombres que en mujeres. Se trata de un trastorno sin remisión total en la población adulta, pero que, sin embargo, puede trabajarse con técnicas para que su efecto sea menor. En España hay aproximadamente 800.000 personas con tartamudez.

 

Se trata de un trastorno complejo, ya que no solo se concreta en lo que el interlocutor puede observar, -bloqueos, repeticiones, prolongaciones,-, sino que, además, hay conductas secundarias, desarrolladas tales como: muletillas, esfuerzo, movimientos involuntarios, miedo, evitaciones, ansiedad conductas que manifiestan el sufrimiento de la persona a la hora de expresarse.


Recientes estudios han confirmado que la tartamudez tiene una base neurológica y un componente genético, lo cual destierra la creencia popularizada de que tenía un origen de tipo psicológico y/o estaba provocado por factores externos.

 

Según explica la logopeda especializada en tartamudez y delegada de Málaga del Colegio Oficial de Logopedas de Andalucía, Adela Corrales, “la comunicación es la base de las relaciones humanas, pero para una persona que tartamudea, algo tan cotidiano como pedir un café, comprar un billete de tren, o conversar como un amigo puede ser una situación adversa. Su día a día es una lucha.”

Tanto es así, continúa, que las personas que la padecen “sufren muchísimo, pueden llegar a tener baja autoestima y desarrollar miedos, fobias y frustraciones que pueden conducirles al aislamiento social y laboral”. 

Comienza, de modo característico, entre el segundo y cuarto año de vida, aunque se suele confundir con las dificultades propias de la edad a la hora de hablar. Es habitual que los niños pequeños, entre dos y cinco años, no tengan una fluidez total en el habla hasta que aprenden a organizar las palabras y las frases. Sin embargo, hay que ser conscientes de que las disfluencias del niño pueden ser atípicas, por lo que es imprescindible diferenciarlas de las más corrientes para tratarlas lo antes posible. 

La detección temprana o precoz de la tartamudez es vital para el futuro del niño, por lo que es muy importante realizar una consulta preventiva con un terapeuta del lenguaje especializado en tartamudez y no esperar, ya que cuanto más cerca del inicio del síntoma se intervenga, mejor será el resultado.

Así, Corrales insiste en que “ante la aparición de las disfluencias es de vital importancia acudir a un profesional, en este caso, un logopeda especializado en tartamudez, para recibir asesoramiento: el comportamiento de los progenitores será clave para el desarrollo del niño en relación a sus sentimientos a la hora de expresarse, así como para realizar un diagnóstico precoz y diferencial”. 

 

En cualquier caso, según indicó la logopeda, el objetivo de la terapia es en niños y adolescentes facilitar que “las disfluencias remitan por completo y/o se reduzcan al mínimo, así como reducir el impacto de las mismas en su vida”, y en adultos, “no es que la persona con tartamudez logre hablar con una fluidez total, sino dotarle de estrategias de habla que faciliten su enfrentamiento a situaciones vitales y les permitan superar barreras”. 

Tiempo y respeto 

La logopeda Adela Corrales insiste en que las personas con tartamudez necesitan que las respetemos y les demos el tiempo que necesitan para acabar de decir lo que quieren decir. “No debemos terminar sus frases. Saben bien lo que quieren decir, no lo están pensando, ni están nerviosos, es sólo que tardan un poco más en decirlo”. 

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